Al final, la que solía jugar con los sentimientos, acabó con los sentimientos y el corazón roto.
Tan tonta fue que se pensó que podía jugar libremente con él. Teniéndole cuando ella quería y donde quería. Sabiendo exactamente qué hacer para conseguirlo.
Tan tonta fue ella y tan listo fue él, que supo cómo pararle.
Tanto jugó ella y tanta diversión obtenía que la infravaloró y terminó acabándose.
Qué razón tenía él cuando le dijo que ya no jugaría más con él. Qué razón tenía el subconsciente de la chica cuando le decía que aquello estaba mal.
Pero qué poca razón tuvieron sus argumentos y qué poco tacto utilizó.
Tan poco tacto que le rompió el corazón a aquella chica y ésta, rompió a llorar.
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